La singularidad de la Serra, declarada Patrimonio de la Humanidad, no solo radica en su excepcional paisaje, sino también en la interacción del hombre, que la remodela y preserva. Los antiguos marges, o terrazas de piedra seca, evitan la erosión del suelo y crean condiciones perfectas para los olivos centenarios, cuya edad y belleza asombrosas han sido reconocidas por la UNESCO. Estos olivos destacan la importancia de las prácticas agrícolas sostenibles y su impacto en el mantenimiento del paisaje cultural.
Además de los marges y los olivos, los alrededores de la finca de agroturismo ofrecen una riqueza de elementos naturales y culturales que enriquece la experiencia del visitante. Los senderos serpentean por bosques de encinas y pinos, con vistas panorámicas de la costa y el interior montañoso. Estos caminos invitan a paseos tranquilos o a rutas de senderismo desafiantes, siempre rodeados de flora y fauna autóctona que cambian con las estaciones.
La finca es un testimonio de la arquitectura tradicional, con construcciones de piedra y tejas que se integran armoniosamente en el entorno. Los jardines y huertos ecológicos proporcionan productos frescos para la cocina local, permitiendo a los huéspedes degustar auténticos sabores de la tierra. La finca ofrece actividades relacionadas con la agricultura tradicional, como la cosecha de aceitunas o la poda de árboles, brindando una experiencia inmersiva en la vida rural de la Serra.
En resumen, la Serra y los alrededores de nuestro Santuario representan una combinación perfecta de naturaleza y cultura, donde la mano del hombre ha trabajado en armonía con el entorno para crear un paisaje único y acogedor. Esta interacción continua es lo que hace de la Serra un lugar tan especial, digno de ser preservado y disfrutado por generaciones futuras.















